Somos noticia y no precisamente por algo que nos enorgullezca. Hace unos días, un operativo del Escuadrón 24 de Gendarmería Nacional dejó al descubierto una actividad tan ilegal como alarmante: la tenencia y comercialización de aves silvestres en pleno barrio Sagrada Familia, una zona pequeña, habitada y conocida por todos.
El procedimiento se realizó el 30 de enero, tras una investigación por una presunta infracción a la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Flora y Fauna Silvestre. Con orden del Juzgado Federal de La Rioja y acompañados por la Secretaría de Medio Ambiente, los efectivos ingresaron a un domicilio particular donde identificaron a una pareja mayor de edad con 78 aves de distintas especies, junto a 69 jaulas, trampas y elementos utilizados para la captura y comercialización ilegal.
Lo ocurrido abre interrogantes que nadie puede ignorar…
¿Cómo es posible que una actividad de esta magnitud funcione en un barrio tan chico sin que nadie lo note?
Los organismos de contralor, ¿actúan de forma preventiva o solo cuando el daño ya está hecho?
Chilecito no es una ciudad grande. Nos conocemos, nos cruzamos a diario, compartimos espacios comunes. Resulta difícil pensar que la presencia de decenas de aves en cautiverio, jaulas y trampas no haya generado señales, ruidos o movimientos llamativos. Sin embargo, pasó. Y pasó durante quién sabe cuánto tiempo.
