Este domingo 1 de febrero empieza febrero, el mes más alegre para los riojanos. Tiempo de chaya, de harina, de vidalas y de memoria. Ese tiempo donde, como dice la letra, “nos sobran las penas y se vuelve amargo el pan”, pero aun así salimos a celebrar lo que somos. En ese clima, mientras me preparo para chayar, no jejo mi rutina de recorrer un poco algunos artículos. Hay uno de Jaime Durán Barba que me hizo ruido (del bueno), habla de “Inteligencia artificial y elecciones”, pero sobre todo de algo más simple y más profundo: cómo se comunica hoy la gente.
Afirma que la política ya no se entiende solo desde partidos, líderes o discursos clásicos. Hoy la gente habla entre sí, se organiza, opina, critica y decide por fuera de las estructuras tradicionales. Los mensajes de siempre pierden fuerza… La gente ya no espera relatos cerrados: quiere participar, interpretar y sacar sus propias conclusiones.
Quizás por eso me resonó tanto un posteo que circuló estos días en Chilecito. Un mensaje duro, directo, de esos que no piden permiso. Un vecino que expresa cansancio, hartazgo y una sensación que se repite: dirigencias alejadas de la realidad y una base que ya no se siente representada. Hoy existe una comunidad virtual y real donde la gente habla de política a su manera, sin intermediarios, sin esperar lineamientos.
Algo parecido pasa cuando se comunica una actividad o una obra. Muchas veces, con solo ver el título, aparecen críticas inmediatas. No siempre es rechazo por rechazar, sino una reacción que nace de la desconfianza o del hartazgo. El vecino mira, comenta rápido y sigue, porque así funciona hoy la comunicación: todo es inmediato, emocional y compartido.
Es decir, es incomprensible que cada vez que se comunique alguna actividad del gobierno que es interesantes para el crecimiento urbano… es como si se volviera en contra, los vecinos con solo mirar la nota ya critican y no se detienen a analizar si la, obra, actividad o proyecto es necesario o fundamental para la Ciudad en sí, solo critican.
Comuniquemos “La Gestión”, después la misma gente sabrá quién es el responsable de tramitar o de proponer estos proyectos tan necesarios. Quien HACE y quién NO HACE.
Tal vez el desafío esté ahí: entender mejor cómo piensa y siente el vecino, cómo se informa y cómo interpreta lo que ve. Observar, escuchar y aprender de esa conversación constante que se da, sobre todo hoy en las redes sociales.
En tiempos de chaya, donde todo se mezcla y se vuelve más honesto, quizás la política también necesite un poco de harina en la cara: menos soberbia; menos discurso, más escucha. Porque la gente ya está hablando. La pregunta es quién está dispuesto a escuchar.
ELEUTERIA
