Mientras el foco político parece concentrarse en la Provincia de Buenos Aires, el verdadero pulso del gobierno de Javier Milei se mide en el interior del país. Las elecciones del 26 de octubre, definirá algo mucho más profundo que nombres o fotos en las boletas: determinará si el gobierno logra el poder político necesario para cumplir con las reformas económicas que promete ante los mercados y los organismos internacionales.
Aun con un resultado favorable, Milei continuará sin mayoría legislativa y con una gobernabilidad frágil. Su fuerza política no logra consolidarse más allá de los discursos y las promesas, y dependerá, inevitablemente, de acuerdos con otros espacios para avanzar. En otras palabras, su proyecto depende de una negociación política que, hasta ahora, no ha sabido construir.
En ese contexto, las provincias y entre ellas, La Rioja, cobran un protagonismo creciente. Aunque este año no elige senadores, su papel no es menor. En un escenario donde Milei busca respaldo territorial, los gobernadores adquieren un poder adicional: son ellos quienes pueden facilitar o dificultar la gobernabilidad desde sus bancas y sus gestiones locales. La Rioja, con un gobierno provincial que mantiene distancia del oficialismo nacional, probablemente continúe trazando una línea autónoma, marcando una forma de gobernar distinta, priorizando la autonomía política y la reivindicación federal frente a las decisiones del poder central.
La política nacional parece entrar en una nueva etapa: Milei tiene el apoyo de una parte del electorado, pero carece del músculo político para transformar ese respaldo en gobernabilidad. Intenta sostener su proyecto en medio de tensiones internas y presiones externas, mientras las provincias miran con cautela. Seguirán siendo el contrapeso necesario frente a un poder central que, aunque ruidoso, todavía no logra consolidarse.
En esa tensión entre el centro y el interior, La Rioja vuelve a tener un papel importante, no por lo que vote, sino por lo que representa: la defensa del federalismo frente a un modelo de gobierno que aún no logra construir puentes duraderos.
ELEUTERIA
